Pedacitos de Mí

Un faro perdido...


Érase una vez un marinero, uno de esos normales y corrientes que navegaban de puerto en puerto sin un rumbo fijo, haciendo de su día a día una vida llena de momentos, pero carente de rumbo fijo.

Nuestro pequeño tripulante no tenía apariencia de ser especial, pasaba desapercibido entre todos los demás, o así se sentía ignorando que brillaba con luz propia. Él viajaba sin rechistar, a las órdenes de un capitán llamado destino, y en una embarcación que rezaba bajo el nombre de 'vida' y se le antojaba grande según el momento.

Se aferraba a su día a día, acostumbrado a él, habiendo aprendido a sacar el máximo provecho de cada uno de sus momentos, pero nunca parecía quedarse completo. Era como si siempre le faltara algo y hubiera descartado descubrir lo que era.

Una noche de tormenta, peleando consigo mismo, con sus miedos, sus temores y los infiernos que chocaban bruscamente contra el casco de su nave, decidió abandonarse y dejarse a la deriva. Dejó de luchar, y esperó a que los diques de cualquier terreno firme acabaran con su desdicha.

En plena tormenta, sucedió el milagro. Una luz diferente se coló entre las nubes más oscuras como si fueran insignificantes para soplarlas. Sin ningún esfuerzo, fue colocando un hilo de calma por encima de la cresta de las olas. Fue abriendo paso entre caos, tempestades, y tsunamis; como si fuera tan sencillo encontrar el camino.

El marinero, observaba entusiasmado como todo se iba desarrollando, sin poder hacer otra cosa que dejarse llevar, y viéndose envuelto en un halo de húmeda magia que parecía protegerle. Cuando la burbuja de su alrededor, le hizo sentirse a salvo, pudo ver la luz. Inmóvil, robusta, la lámpara del faro del Amor le hizo encontrar el sentido que tanto la había faltado durante sus viajes.

Ahora, siempre encontraría el camino. Siempre tendría en su alma la luz incondicional de aquel pequeño faro remotamente perdido. Siempre encontraría en aquella costa desconocida un refugio en el que resguardarse. Siempre podría seguir el camino de las estrellas, porque sin duda, siempre le llevarían a la luz. Esa luz que no siempre se ve, pero siempre está. La luz del Amor.

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